Vecinos

¿Cómo ser
y estar, sin darle cólera al vecino?
(César Vallejo: Poemas Humanos).

El Jaguar XJ6 4.2 aparcó bajo nuestro balcón. Era junio. Cuando el rumor del motor cesó, volvió a oirse el canturreo jondo de Jesús mientras fregaba los platos en el apartamento de al lado. Al día siguiente me fijé en él. La pintura azul marino estaba bastante bien conservada y los cromados de la parrilla refulgían al sol. Sobre la defensa delantera tenía una placa blanca y una amarilla en la trasera. A su lado, una gran pegatina oval: “GB”. El puesto de conducción estaba a la derecha.

Empezaba a hacer calor. Aquella semana el vecino de arriba nos torturó con su bricolaje a deshoras. Al final decidí subir a llamarle la atención. Que lo sentía, que no pensaba que el ruido pudiera oirse, que intentaba amortiguar los golpes pero que tenía que terminar la chapuza porque su mujer estaba a punto de volver de Buenos Aires. En vez de enfadarme y provocar un enfrentamiento, decidí ofrecerle mi ayuda. “Pero, por favor, no a la hora de dormir”.

El domingo nos quedamos sin café y fui a la tienda del bajo a comprar un paquete. Allí estaba Arturo, como casi siempre, tomándose una Mahou de lata con Jaime, el propietario del negocio. Hablaban de él. Hice como que buscaba algo más entre las escasas estanterías y me quedé escuchando. “Seis cilindros, potencia pa aburrir”. “Ya te digo…”. Arturo se mesaba los cabellos lacios y grasientos mientras explicaba a su amigo los detalles técnicos del Jaguar XJ6 4.2 que su hijo se había traído directamente desde Inglaterra. Se le veía henchido de orgullo. Jaime no dejó de asentir mientras me cobraba el paquete de café y un tetrabric de tomate frito Orlando. Me despidió con su habitual “gracias majo”.

Por la tarde Rosa llamó a nuestra puerta y nos contó que el marido de Leo se había puesto muy malo y que se lo habían tenido que llevar en ambulancia a La Paz. Ella le insistió para que se tomara un café pero no quiso quedarse. La noche fue muy calurosa. Abrimos la ventana, retiramos la sábana y nos tendimos desnudos. Yo metí la cabeza debajo del grifo antes de volver a la cama. En cuanto lográbamos conciliar el sueño, nos despertaban las gotas de sudor que nos empapaban la cara. Al otro lado de las paredes se oían las respiraciones pesadas y sin compás de los vecinos.

Al cabo de una semana, la ligera capa de polvo que lo cubría no le restaba un ápice de majestuosidad. La silueta estilizada del Jaguar XJ6 4.2 contrastaba con la triste obesidad mate de los utilitarios que ocupaban las estrechas calles de nuestro barrio, aprovechando hasta el último centímetro disponible para el aparcamiento. Los asientos eran de cuero de color marrón claro, finamente cuarteado. El salpicadero y el volante eran de madera. Calculé que las llantas serían por lo menos de diecinueve pulgadas.

La primera granizada del verano decapitó los geranios que con escasa fe habíamos estado cuidando durante todo el año. Jesús nos contó que la chica de la puerta “H” había echado al novio de casa y que este había vuelto al día siguiente para vengarse defecando delante de la puerta. Nos lo contó indignado. La voz que salía de su boca sin labios temblaba ligeramente. Tenía la tez un poco más amarillenta de lo habitual. Pensé en ese momento que nuestro vecino parecía un recluso de la planta de Oncología al que acababan de conceder el tercer grado. Ella lo tranquilizó y consiguió finalmente arrancarle una sonrisa. La chica de la puerta “H” se mudó a los pocos días. Le preguntamos a Rosa pero no supo darnos más detalles.

El día que nos marchamos de vacaciones, tenía las lunas cubiertas de vaho. Al pasar a su lado eché en falta las escobillas de los limpiaparabrisas y el espejo retrovisor izquierdo. Noté un olor intenso y desagradable. Me acerqué a una ventanilla y pude ver que el interior estaba lleno de harapos. Un vagabundo había convertido el Jaguar XJ6 4.2 en su vivienda. Mientras yo bajaba el equipaje a nuestro coche, ella subió a despedirse de Rosa y le dejó a Jesús las llaves del piso, por si al fin los del gas pasaban a empezar la obra.

A la vuelta, Rosa nos dijo que el marido de Leo se había muerto y ella subió un rato a hacer compañía a la viuda. Las noches seguían siendo calurosas y durante unos días tuvimos que aguantar hasta altas horas el ruido de las fiestas que se organizaban en la azotea de un edificio próximo recién habitado. De repente, un día las juergas se acabaron. Jesús nos explicó con una sonrisa que no es difícil convencer a unos pijos para que respeten el sueño ajeno. “Ahora ya saben en qué barrio viven”, nos dijo.

Por fin llegó la lluvia y las noches volvieron a ser frescas. Dormir dejó de ser un asunto laborioso y únicamente los ataques de tos de Rosa nos despertaban de vez en cuando. Un día que volvía del trabajo reparé en su deterioro. Los neumáticos se habían quedado sin aire, los cuatro faros delanteros estaban rotos y el color de la carrocería se ocultaba bajo la pátina de inmundicia. Alguien se había llevado las placas de matrícula del Jaguar XJ6 4.2. Vi un pequeño cuerpo elástico huir por el hueco del cristal que faltaba en la parte trasera. Una familia de gatos había tomado el puesto del vagabundo.

El día de la mudanza, ella fue a hacer la ronda de despedidas mientras yo terminaba de llenar cajas. El vecino de arriba y su mujer argentina vinieron a ayudar. Leo nos mandó un beso desde la parte alta de la escalera. Abrazamos a Rosa y a Jesús. Por fin apareció Pepe con la furgoneta de alquiler. “Ya era hora. ¿Dónde has aparcado?”, le pregunté. “De lujo, justo debajo del balcon. La grúa acaba de llevarse un trasto abandonado”.

Cuando arrancamos, Jaime y Arturo levantaron las latas de Mahou para saludarnos desde la puerta de la tienda. Pensé que durante todos aquellos años habíamos sido afortunados, rodeados de vecinos dispuestos a aceptar a los recién llegados y a cuidar los unos de los otros. Por un instante, pensé también en los seis cilindros del Jaguar XJ6 4.2 y en lo bien que nos habrían venido para el largo viaje que teníamos por delante.

***

Entre 1979 y 1992, la compañía británica Jaguar Cars produjo en su factoría de Coventry (Inglaterra) 132.952 unidades del modelo XJ6/12 Series III, en sus diferentes versiones, con motores de 3.4, 4.2 y 5.3 litros.

Jaguar1cara

Jaguar XJ6

Imagen obtenida de la web http://www.britishcarclassifieds.com/

Anuncios

  1. No soy nada aficionada a los coches, pero no he podido parar hasta saber en que quedaba lo del Jaguar…; la marcha me ha recordado mi partida de Muskiz donde dejé a los mejores vecinos que he tenido nunca. Estupendo como siempre.
    Un fuerte abrazo!

    • Gracias, Bárbara.
      Los vecinos son importantes. A veces uno se da cuenta cuando se despide de ellos. Se me ocurrió pensar que el Jaguar también podía haber sido un vecino. Es un coche, sí, pero con mucha personalidad (si es que un armatoste de metal puede tenerla).
      Un abrazo.

      • Con los años he comprobado que son verdaderamente muy importantes. Aparte de ser ya un elemento más del paisaje, es un testigo mudo de todo lo que le rodea y con muuuchísima personalidad, no es cualquier coche…
        Un beso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: