Historia sagrada

dios-por-agustin-mosquera

Ilustración de José Agustín Mosquera para este blog.

Dios hizo el mundo en siete días,
seis de trabajo y uno de descanso.
Dios habría firmado el primer convenio laboral
si hubiera tenido con quien sentarse
a pegar la hebra.

***

Dios trabajó a destajo
y el séptimo día se lo tomó libre.
Lo cual autoriza a decir sin blasfemia
que los subcontratistas de las grandes multinacionales
trabajan más que Dios.

***

Dios hizo el mundo, le bastaron siete días,
seis de trabajo real.
Se detuvo un instante a contemplarlo y lo juzgó bueno.
Lo cierto es que no tenía mucho
con que comparar.

***

Dios otorgó certificado de calidad a un mundo
construido en plazo récord.
No es extraño que dejara pendiente
una larga lista de imposibles:
el abrefácil / la depilación definitiva / la abdicación de las alambradas…

Sobre la ilustración de esta entrada

Hoy no es fácil encontrar quien sepa dar razones de Dios. Desde un punto de vista teórico, se entiende. Con los seminarios vacíos y las facultades de Ciencias Humanas amenazando ruina, pocos son los que se queman las pestañas en el estudio de la Divinidad: su esencia y atributos, su relación con las criaturas, el sexo de sus emisarios, la nómina de sus enemigos y todas esas cuestiones que hace mucho mucho tiempo dieron tanto que hablar. Tal vez sea mejor así porque, a poco que se reflexione, se hallará que afrontar el estudio de Dios como una Ciencia Humana tiene pinta de blasfemia. Una blasfemia, además, condenada al fracaso por déficit lógico. En las facultades de Filosofía abundan los teólogos camuflados, es cierto, pero están tan preocupados por la propia subsistencia que su producción es escasísima y no interesa ni a los grandes grupos editoriales ni a los canales de la TDT. Es cierto también que de vez en cuando algún físico teórico con prestigio universal se desmarca con una refutación de la existencia de Dios que se asoma a las páginas de los diarios, pero lamentablemente la argumentación suele ser de Primero de Primaria. Aunque José Agustín Mosquera no es experto en Teología, sí lo es en un número extraordinariamente extenso y dispar de materias, en todas las cuales se desenvuelve con brillantez. Una mente multifacética es lo que conviene para aproximarnos en lo posible a lo inabarcable. Y ahí tenemos el resultado que nos ofrece su sabia plumilla: un Dios-padre-creador-de-Cielo-y-Tierra (¡un Dios zurdo!, como el propio autor hace notar a quien no lo ha advertido) jugando con entusiasmo juvenil a la negociación laboral, como si por fin hubiese encontrado esa contraparte que tanto ha añorado, porque él, por mucho que se haya dicho lo contrario, siempre ha sido un espíritu dialogante; o como si su obra, esa ingente tarea de siete jornadas, fuese en realidad un work in progress que tuvo su día primero en el Big-Bang y que todavía espera la llegada del séptimo, el del ansiado descanso. O como si la Creación fuera la respuesta del espejo a la risa de un loco.

Gracias, Agustín.

 

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