El peñascazo

Cinco de la tarde. Circulación prohibida. Banderitas de colores, terrazas a la espera de clientes. A la vuelta de la esquina, hierve la plaza. Policías municipales y guardias civiles comparten acomodo en las vallas. Ahora será el pregón, pero ayer ya hubo verbena. Pelucas, sombreros, gafas de fantasía, vino en cubos de plástico. Una ola humana. Orgullo de ser español, proclama una camiseta. En el tendido de sol de la avenida olvidada se broncea un Porsche Cayman. Jamón. Elaboración propia. Un Audi A7 se salta el semáforo, huele a asfalto caliente y a goma quemada. Jamón. Degustación y venta. Jamón. Ibérico de recebo y de bellota. Probad un poco y veréis. Bang bang, my baby shot me down, los megáfonos se obstinan en una lejana historia sengrienta. Por la calle sin nadie caminan dos zapatos de rejilla, no hay forma de oír la suya. El peñascazo.

Penascazo

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