París era una fiesta

Il n’y a plus grand-chose au fond de nos sourires,
Nous sommes prisionniers de notre transparence.

Michel Houellebecq: Le sens du combat.

Atravesamos la ciudad sin esperar nada de ella
y en el altar tan querido de la vieja Democracia
un pañuelo moqueado fue nuestra única ofrenda.
La Place de la Republique se iba quedando sin rabia.

Pero era fiesta y las calles vomitaban pantalones
que rendían sus secretos a operadores de escáner,
la Seguridad se fabrica en los momentos mejores
usando materia prima de efectos personales.

Dormitaban ateridos en un zaguán del Quatrième
sentimientos distinguidos de señores propietarios,
las poesías completas de un moralista alrevés
e instrucciones de uso para el nuevo calendario.

Vimos gabanes vacíos en los bancos de los parques
pero el tiempo se detuvo a bordo del Petit Palais,
donde la carne de mármol de una pérfida vacante
contaba la sucia historia de la piel que suda fe.

Atravesamos la ciudad donde los niños soldados
peleaban contra el frío con chalecos antibalas.
Acunaban sobre el pecho dulces fusiles de asalto.
Al fondo de sus sonrisas tampoco encontramos nada.

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