Vladivostok o la soledad del coche autónomo

“Esta realidad nos introduce de lleno
en una nueva era de la movilidad que,
en mi opinión, va a ser apasionante”

(Carlos Tavares, presidente de Peugeot Citroën, sobre el
coche autónomo que el 23 de noviembre de 2015
realizó con éxito el recorrido Vigo – Madrid).

Confía en mí, soy buen conductor. Soy tan buen conductor que podría llevarte sana y salva hasta el otro lado del mundo. Créeme, soy buen conductor, sé circular en las glorietas, el automóvil no tiene secretos para mí. Puedo cuidarte, puedo ser tu ángel de la guarda, puedo conducir durante horas y días y semanas sin apartar las manos del volante, sin apartar los ojos de la carretera mientras tú duermes en el asiento de al lado, mientras apoyas la cabeza en la ventanilla y un fino hilo de saliva resbala por la comisura de tus labios.

Soy un conductor excelente, tengo muchos años de carné y nunca he cometido un error de bulto, nunca he recibido una sanción grave, nunca he dado positivo en un control de alcoholemia, nucha he atrpellado un animal que merezca ser recordado. Sé circular por autopistas igual que por carreteras comarcales, sé adaptar la conducción a las circunstancias de la vía, a las condiciones meteorológicas, a la presencia o ausencia de controles de velocidad, sé ceder un metro y medio a los ciclistas, sé negociar con los agentes de tráfico si la ocasión lo exige, sé mantener la calma ante situaciones potencialmene peligrosas provocadas por conductores negligentes o por peatones mentecatos, sé aguantar la mirada altiva de los camioneros y la mirada suplicante de los autoestopistas y la mirada neutra de los vendedores de pañuelos de papel en los semáforos.

Mi cuerpo es un autómata, un dispositivo de realidad aumentada diseñado para manejar los mandos del automóvil, para interpretar las señales de tráfico, para tomar la dirección correcta en cada cruce. Mi retina envía la señal al nervio óptico y el nervio óptico la envía al cerebro y, en cuestión de miliseguntos, el cerebro la hace llegar a mis dos manos firmes sobre el volante y avanzamos hacia los Urales sin el más mínimo error de navegación y cruzamos los Urales y cruzamos Asia entera.

Puedes sentirte cómoda, puedes sentirte segura, puedes pedirme que ponga música o que la quite, que encienda la calefacción si tienes frío o el aire acondicionado si tienes calor, puedes pedirme que abra las ventanillas cuando quieras que al aire te despeine para que te sientas libre y feliz, también puedes pedirme que pare cuando quieras estirar el psoas o cuando tengas que hacer tus necesidades. Puedes cantar si te viene en gana, puedes contarme tu vida o puedes permanecer callada si lo prefieres, respetaré tus silencios igual que tus ganas de comunicarte, soy un excelente conductor y una persona comprensiva y, llegado el caso, una persona condescendiente, tengo una capacidad para la empatía bastante aceptable y buenos hábitos de higiene.

Soy buen conductor, confía en mí, duerme, yo velo tu sueño, yo conduzco mientras tú apoyas la cabeza en la ventanilla, mientras un fino hilo de saliva resbala por la comisura de tus labios tan tiernos, mientras emites sonidos inarticulados y secretamente dulces, mientras duermes yo velo tu sueño sin despegar la vista de la carretera, sin apartar las manos del volante, aunque las manos quieran estar en otra parte, en tus labios, en la comisura de tus labios tiernos, sobre tus párpados vencidos, entre tus piernas, la mano izquierda en el volante y la mano derecha en ese lugar húmedo entre tus piernas.

Puedes confiar en mí con los ojos cerrados, puedes descansar, abandonarte a la caricia del sueño, ese lugar caliente y húmedo entre tus piernas está a salvo porque mantendré la mano derecha y la mano izquierda sobre el volante, conduciendo durante horas y días y semanas sin pausa. Puedes dormir todo lo que quieras, puedes contemplar los más variados paisajes, puedes comer, puedes beber lo que se te antoje, puedes adoptar las posturas que te resulten más cómodas sobre el asiento, puedes prescindir del decoro, puedes ir vestida o desnuda, puedes hablar o estar callada, yo conduciré sin un fallo, yo seré tu robot y tu ángel de la guarda, mi mano izquierda estará siempre sobre el volante y mi mano derecha solo lo abandonará cuando haya que manejar el cambio de marchas, y puedo asegurarte que lo hará con precisión milimétrica, durante horas y días y semanas, a lo largo de páramos y ciudades, a lo largo regiones industrializadas y de regiones agrícolas, de mesetas y de cordilleras, a través de los bosques de Transilvania y de los desiertos de Mongolia y de las estepas de Siberia, mis dos manos firmes sobre el volante, ajenas al lugar húmedo que hay entre tus piernas.

Seré tu chófer, tu compañero, tu consejero, tu paño de lágrimas, tu maestresala, tu ángel de la guarda de una punta a otra de Eurasia, ese lugar caliente y húmedo entre tus piernas estará seguro y a salvo y en paz hasta que lleguemos a la orilla del Pacífico. Puedes confiar en mí aunque el viaje sea largo y pesado, aunque sean muchos kilómetros, muchos países, muchos husos horarios, muchas lenguas, muchas culturas diferentes, muchos autoestopistas ignorados y muchos camioneros humillados y muchos vendedores de pañuelos de papel despreciados en los semáforos, aunque sean muchos días y semanas con las dos manos sobre el volante y los dos ojos sobre la carretera mientras tú te entretienes buscándote las espinillas en el espejito del parasol o mientras te escarbas los dientes o mientras pones los pies sobre el salpicadero para pintarte las uñas de color rosa palo o mientras contemplas el paisaje a través de la ventanilla o mientras comes o mientras bebes o mientras duermes con la cabeza apoyada en la ventanilla y un hilillo de saliva se escurre por las comisuras de tus labios tiernos y dejas escapar sonidos inarticulados y sin embargo tan dulces y separas las piernas al descuido, como si quisieras refrigerar ese lugar caliente y húmedo que yo he respetado a lo largo de dos continentes.

Céeme, llegaré hasta el límite de mis fuerzas, hasta el límie de mi comprensión y de mi imaginación, iré más allá de la capacidad de mi retina fatigada, de mi nervio óptico fatigado, de mi cerebro fatigado, más allá de la resistencia de mis manos pesadas como yunques, mis dos manos hechas al tacto adusto del volante. Porque soy un buen conductor y sé circular en las glorietas, ¿quén más sabe circular en las glorietas?, el automóvil no tiene secretos para mí. Puedes confiar, puedes estar tranquila, puedes dormir si tienes sueño, cantar si tienes ganas, gritar si se te antoja, puedes mirarte en el espejito del parasol y derrochar el esmalte de uñas vitaminado de color rosa palo, puedes prescindir del decoro, puedes sentirte segura y a gusto y a salvo en el asiento de al lado, te llevaré sana y salva hasta el otro extremo de Eurasia, te llevaré hasta el Pacífico, hasta los muelles donde amarra la flota rusa del Pacífico, hasta las calles donde los marineros de la flota rusa del Pacífico buscan un lugar cálido y húmedo entre dos piernas, hasta el lugar donde de nuevo se acaba el mundo, hasta Vladivostok.

Eurasia OK

Eurasia, en Nuevo Atlas del Mundo. Editorial Planeta. Madrid, 1995.

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  1. Jesús

    Tres bien… mon petit satyre

  2. ¡Me ha encantado, enorme escritor! Sigue conduciendo así…
    Un abrazo grande.

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