Canis familiaris

La mañana ha sido genial. En el ascensor me he encontrado con Pepe. Su dueño y un vecino se han puesto a hablar de su nombre. Al vecino le ha llamado la atención lo de Pepe y el dueño ha aclarado: “Como el jugador del Real Madrid“. El otro ha respondido elogiando la elección ya que, según comentó, mi amigo Pepe y el jugador del Real Madrid guardan un extraordinario parecido físico y psicológico: ojos saltones, boca rasgada, manto blanco, carácter irascible, etcétera. La comparación les ha hecho mucha gracia a los dos. Yo no puedo juzgar porque sólo conozco a un Pepe, mi amigo Pepe, que en efecto tiene su carácter. Los chiuauas, ya se sabe.

He aprovechado que había bandera roja para ir a la playa. En verano tenemos prohibida la playa pero, en cuanto hay mar de fondo y los socorristas ponen la bandera roja, el territorio queda despejado y algunos nos atrevemos a bajar. Allí estaba el pequeño Cúper. Las dos jóvenes amitas que estaban con él se han asustado en cuanto me han visto y se lo han llevado en brazos. ¡Pobre Cúper! Me he despedido del simpático pinscher sin tiempo para preguntarle por la familia.

Cuando ya estaba en el agua, disfrutando de un agradable baño, se ha presentado Tor, el dálmata. Ha sido estupendo compartir con él pulgas y garrapatas en medio del fuerte oleaje. Tor es un auténtico atleta, físicamente muy atractivo, aunque su conversación es limitada, lástima que le hayan puesto un estúpido collar malva con un adorno en forma de hueso. Cuando su dueño lo ha llamado desde lo alto del acantilado rocoso, Tor ha hecho toda una exhibición de obediencia y de escalada.

No he permanecido solo durante mucho tiempo. En seguida ha aparecido un viejo mestizo de manto canela que se ha arrimado a la orilla para poco más que mojar los pies. La dueña se ha sobresaltado cuando el vecino del ascensor, que rondaba por allí, le ha preguntado por el nombre del mestizo, creo que se temía un reproche por contravenir la ordenanza anti-perros. “Lolo”, ha respondido la mujer con acento extranjero después de dudar un momento, y ha cogido las de villadiego.

El caso es que ya me iba cuando he visto a Tara, a quien su ama traía sujeta por la correa. Se ha alegrado tanto de verme que se ha soltado y los dos nos hemos ido corriendo a refugiarnos en un bosquete de alisos. Ay, Tara, ¡qué hembra! No hay amantes como las pastoras alemanas, os lo aseguro. Ágiles, resistentes, atentas, férreas administración de la hacienda familiar y, al mismo tiempo, apasionadas… Además, ¿por qué no decirlo?, sus encantos me quedan a una altura muy conveniente. Y el pelo, ¡ah, qué pelo!, duro y sin embargo sedoso, una maravilla. Lo único que lamento es no conocer el idioma. A veces, cuando sueño con Tara, sueño que mantenemos largas conversaciones de gran calado intelectual. Tumbados panza arriba después de quedar saciados el uno del otro hablamos de nutrición, de selección genética, de medio ambiente, de moda, de política municipal… Luego me despierto y siempre pienso lo mismo: tengo que ponerme con el alemán, a estudiar el idioma quiero decir. En fin, la dueña apareció hecha una furia cuando ya nos estábamos despidiendo por señas.

De vuelta a casa, me he cruzado otra vez con el vecino preguntón y he llegado a pensar que me estaba siguiendo. Para evitarlo me he parado a echar una meadita en el tronco del chopo canadiense, ese que es como el álamo negro pero con las hojas más grandes. ¡Qué bien me ha sentado la meadita! Ha sido la guinda para una mañana perfecta.

PerroTomas

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  1. Loparió…mencantó. Gracias 😉

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