Contra el progreso de las costumbres (llanto razonado del porquero)

Al gran Toñito,
autor del trabajo de campo.

¿Cuándo se jodió el Perú?, preguntaba Zabalita, ¿os acordáis? No, claro, vosotras no podéis acordaros. Vosotras no habéis leído a Vargas Llosa. Si lo hubierais leído os acordaríais, porque tontas no sois y memoria tenéis de sobra. Vosotras no leéis, ni falta que os hace. ¿Cuándo se jodíó el Perú? La pregunta es cojonuda. Merece la pena paparse setecientas páginas sin saltarse una para ver si en alguna parte está la respuesta. La pregunta es cojonuda pero encontrar la respuesta ya es otra historia, ¿no os parece? Lo que yo me pregunto es más o menos lo mismo: ¿cuándo se jodió este país? ¿Cuándo nos jodimos todos? ¿Cuándo dejamos de sembrar trigo? ¿Cuándo empezamos a pensar que la solución era marcharse, irse a las ciudades, buscar un empleo en lo que fuera? En la construcción, en una fábrica, en una portería… Cualquier cosa con tal de escapar de aquí. Porque aquí la tierra es rica. La tierra aquí es la hostia. No hay otra mejor. Lo que le pides, ella te lo da. Pero la mujer empieza a parir y al final, por rica que sea la tierra, no hay para todos. Así que todos se fueron marchando. A veces pienso que nos quedamos los tontos, otras veces no estoy tan seguro. La mayoría se fueron por los hijos que todavía no habían tenido. Para darles un futuro que ya no estaba aquí. Así que se deslomaron a trabajar, a tragar quina, a echar de menos esta tierra cojonuda y a comerse los mocos, y a tirar para delante y a no decir nunca “me equivoqué, me vuelvo”. Todo con tal de darles estudios a los chavales, para que hicieran carrera y tuvieran una vida mejor, una vida de señores. Por los hijos uno hace cualquier cosa, ¿qué os voy a contar que no sepáis? Aunque vosotras lo tenéis más fácil. Del prado a la pocilga y de la pocilga al prado. Hasta que os llega el día, claro. Pero di tú que el día nos ha de llegar a todos. Al final resulta que se presentan los de la ciudad y descubren lo cojonudo que es esto, que no hay tierra mejor y que hay que volver a sembrar trigo y que hay que arreglar las casas y llenarlas de comodidades para que vengan los turistas el fin de semana. Y yo digo vale, de acuerdo, vamos a arreglar la casa y vamos a dar de comer a los turistas, lo mejor, y a enseñarles lo cojonuda que es esta tierra. Es muy fácil. Están dos días y se van encantados, con la panza llena y los ojos llenos. Les gusta esto. Y vuelven. Cojonudo. La casa arreglada, las calles asfaltadas, los caminos limpios. Pero ¿de qué nos sirve? ¿De qué nos sirve si la gente se fue y dejamos de sembrar trigo y el país se jodió? ¿De qué sirve, si los hijos de los que se fueron han decidido que no bautizarán a los suyos? Y van y te lo cuentan y se quedan tan tranquilos y si lo entiendes bien y, si no, son lentejas, porque los hijos son suyos y ellos son los que tienen estudios y uno por los hijos hace lo que sea, lo que haga falta. Pero yo digo que no, que hasta ahí podíamos llegar. Yo digo que este país se jodió y que ya no tiene arreglo. Y vosotras, que tenéis buena memoria y que entendimiento no os falta, seguís tan tranquilas, de la pocilga al prado y del prado a la pocilga, un día y otro, hasta que os llegue la hora, como nos ha de llegar a todos. Pero yo digo que es una putada que no sepáis hacer la o con un canuto, porque si hubierais leído a Vargas Llosa y hubierais conocido a Zabalita y os hubierais papado las setecientas páginas de la novela, ahora me podríais decir cuándo se jodió el Perú y cuándo dejamos de sembrar trigo y cuándo los hijos de los que se fueron decidieron que no bautizarían a los suyos y cuándo se jodió el país y cuándo nos jodimos todos porque que yo sepa, joder, bautizados estamos todos.

Porco

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  1. Carballeira

    ¿Qué cuando se jodió el Perú, o sea, el invento?. Pues diría que hay muchas teorías y no menos abundante literatura, aunque eso es no decir nada. Se ignora también si el que las fincas hayan quedado a monte es causa o efecto de la tal jodienda, o mitad y mitad (seguramente eso). Sospecho en todo caso que la melancolía tiene algo deporte de señoritos, es decir, de nosotros, los hijos y los nietos, bautizados o no, de aquellos que se marcharon de una tierra que se ve que no debe ser tan cojonuda como para retenernos a todos permanentemente. Bien mirado, hemos sido nómadas recalcitrantes hasta hace unos pocos miles de años. Y despues están los otros, que por conformismo o por simple rutina o quien sabe qué, se quedaron, y que al ver a los paseantes y forasteros menean la cabeza, figuradamente o no, con cierta desazón, mientras parecen pensar aquello de, ¡vamos a comer turismo!

    • Pues sí. Yo creo que el porquero se entrega al burgués ejercicio de la melancolía (aunque sea en tono iracundo y deslenguado) porque cuenta con una subvención para ello en forma de pensión o paga del Estado. Si el Perú (o sea, el invento) no se hubiera jodido, él no tendría jubilación, seguiría trabajando de sol a sol y no tendría ocasión de añorar el paraíso perdido. Efectivamente, hemos sido nómadas, pero lo hemos olvidado.
      Gracias por el lúcido y enriquecedor comentario.

  2. Rematas la faena con la mirada interrogante e inteligente del cerdo que me provoca una sonrisa; a lo mejor él si sabe cuándo se jodió el invento…
    Muchas gracias, Anxo por este post!
    Un abrazo.

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