Contra los canallas

canallasSolo los canallas permanecen indiferentes ante las obras pías. Solo los canallas se niegan a firmar el acuse de recibo cuando ven ascender a los cielos a la mujer que administra negocios inmobiliarios en nombre del Niño Jesús. Los canallas. Están por todas partes. La mujer que gobierna prósperos negocios inmobiliarios a través de una fundación que lleva el nombre del Niño Jesús en alguna de sus advocaciones o avatares es una gestora muy capaz y con mucha entrada en el gobierno de la comunidad autónoma. Más de uno se caga en los pantalones cuando oye su nombre. Se dicen altos cargos y se visten con trajes de seda, pero a la mínima se cagan en los pantalones. Canallas. La mujer que pilota con mano de hiero y bragón de cuello alto la fundación que gestiona jugosos negocios inmobiliarios por delegación del Niño Dios asciende a los cielos en cuerpo y alma. Un día sí y otro también. Quien no quiera verlo es un canalla. Lo hace sin aparente esfuerzo y casi siempre al aterdecer, cuando los estorninos alborotan y sus amigas terminan la clase de pilates. Asciende a los cielos con las piernas muy juntas debajo de una discreta falda plisada. Tensa los abductores y los rectos femorales para evitar que las fuerzas centrífugas del hiperespacio le separen los muslos. Sobre las rodillas coloca un bolso Chanel que sujeta con las dos manos. Pone en alerta los lumbricales y los abductores del meñique y del pulgar para evitar que el bolso se abra o salga por la tangente. A fin de cuentas, es un viaje largo y azaroso. Ya casi nadie sujeta el bolso con las dos manos. Ya casi nadie viste faldas plisadas. La última vez que vi a una mujer con falda plisada sujerar con las dos manos el bolso Chanel que descansaba sobre sus rodillas era la inspectora de Trabajo que vino a ayudarnos con el ERE. Nos sentamos a la mesa y la tía no soltaba el bolso. Al final nos fuimos 150 a la calle con 45 días por año y un cheque por los atrasos. Quedamos para cenar y celebrarlo. ¡Gracias, inspectora! Ahora las inspectoras de Trabajo pintan poco en los ERE, lo mismo que los inspectores. ¡Canallas! Ahora intentas encontrar las ocho diferencias entre Oxford Street y el centro comercial de tu pueblo y no llegas ni a cinco. Buscas un canalla a quien culpar, pero no resulta fácil. ¡Hay tantos! Piensas que desde que Zara empezó a usar orangutanes como modelos de patronaje no has dejado de remangarte, pero ¿quién te manda comprar en Zara? No puedes acusar a los orangutanes. Bastante hacen con no extinguirse. Además, ser modelo de patronaje no es un trabajo tan sencillo como la gente se cree. Hay que estarse muy quieto. Tampoco puedes culpar a los primatólogos. Sería demasiado genérico. Tal vez lo que te hace falta es un poco de humildad. A ti también te vendría al pelo quedar con los hinchas del equipo rival para daros de hostias, si es que no tienes arrestos para mirar hacia dentro y arriesgarte a descubrir que en el corazón que creías tan noble y tan puro alienta un director de Recursos Humanos, un promotor de obras pías o ¿quién sabe?, tal vez algo menos estético. Tal vez algún día seas tú quien ascienda a los cielos en cuerpo y alma, con la camisa de Zara remangada, los glúteos en tensión y la mano crispada sobre la cartera, dando vivas al Niño Jesús. Tal vez eso suceda mañana. Canalla. Tal vez el canalla seas tú.

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  1. No se puede decir ni más alto ni más claro ! Estupendo como siempre.
    Un fuerte abrazo.

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