Contra las sentencias extemporáneas

pajaro muerto

A mi amigo E.

“Las mejores pajas, las de casado”. El señor Fluvial es especialista en enunciar verdades que nadie quiere oír. Las esconde detrás de una espesa nube de tabaco negro y, ¡voilà!, salen a escena en el momento más inoportuno. No siempre es posible hacer como que no le has oído. Su esposa se afana en cerrar las vías de agua que la contumacia del señor Fluvial abre una y otra vez en la vida social de la pareja. Es una suerte que tenga tanto sentido común y sepa moverse tan bien en los ambientes donde se corta algo de bacalao. También tiene paciencia, sentido del humor y vis cómica. El señor Fluvial no la merece.

El señor Fluvial no llega a ser un sabio, pero le gusta exhibir cultura cuando ve la ocasión propicia. Una cultura, eso sí, excavada en los tomos de la enciclopedia que casi nadie se detiene a leer: aeronáutica, estrategia militar, prácticas sexuales oscuras… Hace un rato, para romper el hielo con la educadísima pareja de franceses que acaba de conocer, ha sacado a colación la Línea Maginot. Pero estos gabachos no entienden palabra de castellano, así que no resulta difícil cerrar el expediente con una risa floja y evasiva. Los debates abortados a tiempo, por amargos que sean, no llegan a ulcerar la conviencia.

Aquella vez que el señor Fluvial se puso en marcha con sus amigos para recorrer los cabos del Noroeste, se equivocó de medio a medio en la elección del calzado. Caminar en verano con botas militares y dos pares de calcetines conduce indefectiblemente a la cocción lenta de los pies. Eso fue más o menos lo que suceció. Y el señor Fluvial tuvo que desistir de su empeño senderista mucho antes de lo previsto. Sus amigos le reprendieron sin rencor y le acompañaron a casa en el ferrocarril de vía estrecha. Uno de ellos recibió del señor Fluvial un beso en plena mejilla. Un ósculo rotundo que restalló en mitad de la carretera, con la ría al fondo. El tráfico era escaso a aquella hora, afortunadamente. ¡Ay!, el señor Fluvial. Hasta él sabe hacerse querer, aunque sea a destiempo.

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  1. Guillermo

    Sin duda, genio y figura nuestro amigo el Señor Fluvial…

  2. Sr. Sórdido

    ¡Ah, la extemporaneidad!, Siempre tan relativa ella, dependiendo de quien la valore. Nos permite bajar santos de sus peanas y lograr que los Pepitos Grillos se retuerzan en sus tumbas.

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