Contra los inhumanos

inhumanosHay que ser más humano. Se lo dijo el argentino al conductor, pero todos nos dimos por aludidos. Por eso metimos la cabeza cada uno en su libro o en su periódico. Algunos leían la parte cómica del Marca que, como todo el mundo sabe, es la que habla del Real Madrid. Ser más humano. El argentino se pegó la gran carrera por Bravo Murillo y luego Rios Rosas, hasta que por fin alcanzó el autobús en una parada en la que el conductor tuvo a bien abrirle la puerta. A la altura, más o menos, de la Escuela de Ingenieros de Minas. Ser más humano. ¿Pero es que hay algo más humano que conducir un autobús de la EMT y negar la entrada a quien te de la gana? O, tal vez, el argentino llegó justo cuando el cerebro del conductor acababa de enviar la orden irrevocable de arrancar. No hay por qué ver en el incidente nada personal. Los autobuses no pueden abrir las puertas fuera de las paradas. Todo el mundo lo sabe. Es una cuestión de seguridad y de ordenanzas municipales. Pero el argentino está convencido de que se trata de un caso de falta de humanidad. Falta de humanidad del conductor, pero quizá también de las ordenanzas municipales y de todos los seres tristes que vamos a las nueve menos cuarto de la mañana en un autobús de la EMT leyendo un libro, estudiando la parte cómica del Marca o, simplemente, tratando de no cruzar la mirada con el resto de pasajeros. Ser más humano. El argentino se subía todos los días al mismo autobús que yo, pero nunca le pregunté su nombre, ni me interesé por su salud, ni por su situación familiar. No conozco sus gustos, ni sus peocupaciones, ni sus proyectos. No sé nada de él como ser humano. Ni siquiera tengo claro que fuera argentino. Esto es simplemente una especulación basada en su acento cuando dijo aquello de hay que ser más humano. ¿Y si fuera uruguayo?… Un tipo normal, como tantos otros. Vestido de manera correcta, perfectamente capaz, en apariencia, de acatar con naturalidad las normas del comportamiento en sociedad . Esta vez llegó hecho una pena. Bañado en sudor, con la cara desencajada… Normal, después de la carrera que se pegó por culpa del conductor cumplidor de las normas. Dijo lo que tenía que decir y, sin esperar respuesta, se buscó un sitio en la parte central del autobús. En mi cabeza nació entonces una cancioncilla: 

Ser más humano.
Ser más humano.
Con el corazón en la boca
y la tranca en la mano
Tralará.

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