Trabajos de verano (I). Las vacas bravías

carvajalT1Este primer trabajo tuvo como gran dificultad el calor. Culpa mía. Se me pegaron las sábanas y salí bien avanzada ya la mañana. Grave error, pero  más vale salir tarde que no salir. El primer tramo, hasta Truchas, pica un poco hacia arriba pero se hace rápido, por buen asfalto. Remontando el río Eria, que va siempre a nuestro lado, pasamos de la comarca de la Valdería a la Cabrera Alta.

Después de Truchas, que es localidad importante pues tiene gasolinera, escuela y bar permanente, una serie de rampas inconstantes me llevaron al Alto del Carbajal (1.341 m.), que separa la Cabrera Alta de la Cabrera Baja. Su descenso conduce hacia un valle hermoso y profundo. Hay que aplicarse sobre los frenos, porque la pendiente es fuerte y las curvas, cerradas. Bajando, bajando alcancé Quintanilla de Losada.

A la entrada de este pueblo cambié de carretera para ir hacia Robledo y Nogar. Por aquí discurre el río Cabrera y os aseguro que es un lugar precioso: un valle estrecho y fresco, con laderas pobladas de roble y castaño y casas de piedra con tejado de pizarra. Parece un lugar ideal para dejar el mundo aparte…

Ansioso por confirmar que estaba en el camino deseado, pregunté a un lugareño, quien me aseguró que, efectivamente, estaba en la carretera llevaba a Corporales, pero me dio motivos para la preocupación. “Hay unos diez kilómetros, pero hay que subir el puerto…” Pues nada, si hay que subir el puerto se sube, que sobre el mapa todo es plano. Con ese ánimo, continué mi camino pero, en cuanto salí de las zonas de sombra, empezó lo duro. Rampas constantes, el sol en su cénit y mucho calor. Cuanto más se sube, menos esperanzas hay de encontrar una sombra, así que voy administrando el poco líquido que me queda y procuro mordisquear alguna barrita.

De ese modo, sufriendo y deseando que cada curva sea la última, llego a un cartel que indica que por allí pasan los canales que, picando la roca viva, construyeron los romanos para llevar agua hacia Las Médulas. En los tiempos en que en estas tierras se vivió una auténtica fiebre del oro. (Para ser justos habría que decir que los que picaron la roca viva no fueron los romanos, sino sus sometidos, aunque esto tan solo es una suposición históricamente plausible). Veo el cartel, pero no los canales. Poco importa, otro día vendremos a buscarlos. Ya estamos arriba: Peña Aguda (1.265 m). Y, ¡oh maravilla!, justo en el alto hay una fuente.

Apenas hay bajada hasta el pueblo de Corporales, histórico refugio de maquis al pie del Teleno, y paso obligado para ascender hacia el Llano de las Ovejas, Portinillos y Morredero, si se toma el camino de Ponferrada (pero esa es otra historia). Sabiendo que la parte dura del trabajo ya está hecha, despido Corporales por terreno favorable, aunque no siempre bien asfaltado, hasta Truchas. Aquí cojo la carretera buena y me las prometo muy felices hasta que a la altura de Morla de la Valdería, a diez kilómetros del final, sufro un pinchazo. Mientras reparo, una vaca que sin duda ha tomado a su cargo el papel de líder de la manada me mira amenazante. Suerte que está encerrada en un corral con sus compinches, porque el ganado vacuno (y no solo el vacuno) de estos lares es poco manso.

Y así fue como, sobreponiéndome al calor, a las duras rampas y a las bravías vacas de la Cabrera, realicé mi primer trabajo de verano.

La ruta en Wikiloc.

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