A I., vestida de novia


Mil kilometros separan
la tramontana guerrera
de la compota de nubes
que sostiene Compostela.

Mil kilómetros has hecho,
arriesgando las maletas,
para traer en tus ojos
la luz de un mar con sirenas.

Y en tus idas y venidas,
dos alas o cuatro ruedas,
fuiste tunelando un pecho
hasta su pieza más tierna.

Jesús es el propietario
de esa víscera inconexa
que ahora tienes en tus manos
entre amarilis y yerba.

Presta oído a sus latidos,
gritan que basta de espera.
Busca chófer que te lleve
donde el Sar se alza en piedra.

Allí aguarda tu cautivo
alegar en su defensa
que quiere ser condenado
a vivir en tu osamenta.

Recitado en tiempo y forma por encargo del novio.

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